El buey y la cigarra

Arando se encontraba un buey, cuando una cigarra, que a poca distancia se situaba, le dijo cantando:

– ¡Ay! ¡Qué surco tan torcido has hecho!

– Si no estuviera lo demás derecho, usted no conocería lo torcido.-Respondió sabiamente el buey.- A mi dueño sirvo bien, y me perdona entre muchos aciertos, un descuido.

De necia y envidiosa quedó retratada la cigarra, pues así resulta quien se atreve a afear un pequeño descuido, en medio de un gran cometido.

Deja un comentario